domingo, 14 de septiembre de 2014

AUTOESTIMA: DIFERENCIAS CULTURALES ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE.

La sociedad occidental - dominada por una mentalidad competitiva y elitista le asigna demasiada importancia a la autoestima y muchos occidentales se quejan de sufrir una deficiente valoración. 


¿Será esta situación privativa de nuestra cultura? ¿Qué sucede en otras culturas  donde no dominan  el paradigma judeo-cristiano ni los valores reflejados en expresiones tales como lo importante es ganar o no es lo mismo ser un segundón. ¿Será que por medio de la globalización la idea de la competitividad y la competición nos ha alcanzado a todos? Pero además surge otra interrogante: ¿habría que intentar elevar nuestra autoestima lo más que podamos o quizás un aumento excesivo tiene también consecuencias negativas?

Aunque la psicología cultural se halla aún en un estado muy rudimentario, los estudios transculturales son suficientes como para demostrar la relación entre cultura y emoción, entre las que se incluye la autoestima. Obviando las mayores controversias, en Occidente definen la autoestima como la valoración general y relativamente estable que efectuamos acerca de nosotros mismos mediante un proceso evaluativo emocional y cognitivo. Dada la subjetividad implícita, se entiende que los valores culturales juegan un rol muy significativo.

Como en la cultura oriental el aprecio por uno mismo es estimado igualmente esencial para la existencia como el aprecio por los demás, no sorprende que en algunos lugares de Asia ni siquiera exista el concepto de baja autoestima.

 La lingüística y la semántica afectan el modo en que experimentamos el mundo; incluso, el lenguaje de alguna  manera, está creando la realidad que percibe la persona. ¿Podría ser que el tan manido e indiscriminado uso del término baja auto-estima en Occidente, estuviese potenciando su propio aumento?

Mientras que en Oriente no consideran que una alta autoestima sea un bien absoluto, en la cultura occidental están excesivamente preocupados de elevarla, por ejemplo  en USA se destinan millones de dólares a aumentarla en alumnos de colegios. Como para ellos el si mismo tiene gran importancia, tienden a realzar su Yo ante los demás. En cambio, los valores de los orientales los inducen a la modestia y a no sobresalir, por ejemplo los japoneses se sienten felices y virtuosos, pero sin incurrir en un desmesurado optimismo. Consecuentemente, en las investigaciones realizadas, los angloamericanos obtienen una mayor puntuación en autoestima comparado con los asiáticos, aunque la puntuación de estos últimos se encuentra dentro de rangos normales y ciertamente muestran una adecuada salud mental. Concerniente al caso de los inmigrantes orientales, cuanto mayor era el tiempo que llevaban expuestos a la cultura americana, más elevado era su nivel de autovaloración.

Las diferencias mencionadas anteriormente parecieran relacionarse con la percepción y apreciación del Yo propia de cada cultura. En un extremo se encuentra el denominado yo independiente, típico de la sociedad occidental y en el otro polo se halla el yo interdependiente, típico de la oriental.

Los occidentales consideran al Yo como una entidad separada de los demás, alientan la singularidad con el objetivo vital de diferenciarse de los demás, por lo cual expresan emocionalmente sus creencias internas y lo que sienten, intentando subrayar su propia importancia.

Los orientales, en cambio, consideran al Yo , ligado a los demás, formando parte de un mismo contexto social, por lo que suelen acallar sus creencias y minimizar su importancia (la cabeza de quien sobresale corre peligro, proverbio japonés).

Ellos se definen no en función de cualidades internas, sino según el papel social que desempeñan en sus relaciones familiares y sociales.

 Ante  la pregunta amplia ¿quién es usted?, un occidental suele responder soy ingeniero, en tanto que un oriental diría soy hijo de tal persona. No obstante, también existen culturas occidentales que no son tan individualistas como la estadounidense (la escandinava valora que el individuo no sobresalga y se muestran emocionalmente menos expresivos).

Pareciera que los occidentales se preocupan más por las consecuencias de una deficiente autoestima, en tanto que los orientales recalcan los aspectos negativos de una exagerada autoestima. Los occidentales que reportan alta autoestima suelen evaluar su vida como más satisfactoria y productiva; mientras que atribuyen que su baja autoestima les afecta las relaciones interpersonales, la productividad y el bienestar psicológico (timidez, depresión, sensación de soledad).

Por otro lado, sin embargo, la excesiva admiración por uno mismo que fomenta la cultura occidental, se asocia a sentimientos ansiosos y depresivos provenientes de no estar a la altura de la imagen idealizada de su Yo. Ha aumentado el narcisismo y el trastorno de personalidad narcisista, donde se combinan una desorbitada imagen de sí mismo con una baja autoestima. El Dalai Lama ha señalado su extrañeza ante la cantidad de occidentales que se autodesprecian o que no se tienen autocompasión, ante aquellos que mantienen un incesante monólogo interno diciéndose a sí mismos ¡no soy capaz! o no me gusto.

Según la psicología budista, una autoestima demasiado alta dificultaría la percepción realista de nuestras cualidades y alentarían la construcción de expectativas desproporcionadas, tornándonos vulnerables a la ilusión y al posterior desengaño. De acuerdo con dicho enfoque, la excesiva autovaloración se derivaría del apego al Yo y de un sentido de autoidentidad falso producto de la importancia que uno se concede a sí mismo, pudiendo conducir a la aflicción mental de la arrogancia y de sentimientos afines. Por tanto, considera que la autoestima es constructiva y beneficiosa solamente cuando es merecida y equilibrada, ni tan baja ni tan alta.

En lo que si concuerdan tanto en Occidente como en Oriente es en que la capacidad de amar y de empatizar con los demás, requiere de la previa capacidad de poder amarnos y entendernos a nosotros mismos.



Fuente:  Alejandra Godoy Haeberle
NVA

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