domingo, 14 de septiembre de 2014

PSICOTERAPIA Y LIBERACION. OCCIDENTE VERSUS ORIENTE. ALAN WILSON WATTS

Cuando empezamos a adentrarnos en el Budismo, Taoísmo, Vedanta y Yoga, encontramos que no se puede describirlos como filosofía ni religión en el sentido occidental. Son estilos de vida más próximos a la psicoterapia que a cualquier otra disciplina. Para nosotros la psicoterapia es una forma de ciencia, práctica y materialista por definición. En cambio, estas doctrinas orientales mencionadas las consideramos esotéricas en grado sumo, vinculadas con dimensiones espirituales ajenas a este mundo terrenal.

Nuestra escasa información sobre las culturas orientales las rodea de un aura de misterio sobre la cual proyectamos toda clase de fantasías. Sin embargo, la base de ellas es de una asombrosa simplicidad, la que no tiene nada que ver con todas las complicaciones de poderes psíquicos que les adjudicamos, que actúan como una cortina de humo capaz de despistar a crédulos y curiosos. Aunque también hay crédulos en Oriente, los asiáticos rara vez asumen esa solemne credulidad propia de los seguidores occidentales del pensamiento esotérico, que ha impedido que el Occidente haya podido aprovechar las contribuciones realmente importantes que estas doctrinas han aportado al conocimiento psicológico.
Tanto en estos estilos de vida orientales como en la psicoterapia occidental, existe la preocupación por producir cambios de consciencia que modifiquen la manera de vivenciar nuestra propia existencia y nuestra relación con la sociedad y la naturaleza. La psicoterapia occidental ha puesto énfasis en modificar la consciencia de personas afectadas por determinadas perturbaciones, en tanto que las disciplinas budistas y taoístas se refieren a personas normales, sin problemas a nivel social.
A los psicoterapeutas occidentales se le ha hecho cada vez más evidente que el estado de consciencia que nuestra cultura considera normal es más bien un caldo de cultivo de desarreglos mentales. El conjunto de naciones abocadas al logro de cada vez más ventajas materiales – aunque ello signifique la destrucción de nuestro ambiente natural – no parece dar testimonio de una buena salud social a nivel planetario.
Históricamente, la psicología occidental ha estudiado la psiquis o mente como caso clínico, en tanto que las culturas orientales no definen mente y materia, alma y cuerpo al estilo que lo hace Occidente. En la actualidad ha ido apareciendo en nuestro ámbito un cierto descontento por el término “psicológico” como descripción de un aspecto fundamental de la naturaleza humana. Ya no se trata de que la psicología se pueda reducir a la neurología – como alguna vez lo pensara Freud – ni que la mente y el sistema nervioso sean sinónimos. Lo que sucede es que la psicología no puede permanecer al margen de la revolución científica de este siglo, que ha dejado obsoletos los conceptos de “entidades” y “sustancias”, tanto materiales como mentales. En la descripción de procesos químicos, formas biológicas, estructuras nucleares o conductas humanas, la ciencia moderna habla solamente de modelos cambiantes de relación.
Esta revolución científica ha afectado en mayor proporción a la física y a la biología más que a la psicología, por lo que la teoría del psicoanálisis permanece inalterada. La manera común de percibir la realidad y el lenguaje coloquial tampoco ha sufrido cambios. Aun no es fácil describir – en términos no matemáticos – un mundo de conjuntos de relaciones que interactúan prescindiendo de toda sustancialidad, Estos conceptos parecen una ofensa a nuestro sentido común. Cuando el científico investiga la materia, describe lo que encuentra en términos de campos estructurados. De qué otra manera podría hacerlo?
Ante nuestro ojo desnudo, una remota galaxia parece una sólida estrella. Pero cuando la miramos a través de un telescopio aparece como una nebulosa en espiral. Igualmente, un trozo de acero es para nosotros una masa compacta e impenetrable; al cambiar el grado de aumento, resulta ser un sistema de impulsos eléctricos que giran vertiginosamente en espacios relativamente extensos. En realidad, llamamos sustancia” ese límite que nuestros sentidos, o nuestros instrumentos, no pueden traspasar y que nos impide tomar consciencia de la inmensidad del vacío que subyace en lo que nos parece sólido.
Algo semejante sucede cuando el científico investiga una unidad determinada, definida por anticipado como una entidad separada. Mientras más  la observa y describe, más se encuentra describiendo el ambiente en el que existe y aquellas otras unidades a las que parece estar ligada por relaciones indisolubles. Según decía Teilhard de Chardin:
“Considerada en su realidad física, concreta, la sustancia del universo no puede dividirse, sino que se conforma en su totalidad como realmente indivisible. Cuanto más lejos llegamos y más hondo penetramos en la materia por medio de sistemas de creciente potencia, más nos embaraza la interdependencia de sus distintas partes Es imposible trazar un corte en esta red, aislar una porción sin que ésta sufra desgarramientos y se desintegre por sus bordes…El aislamiento de las estructuras individuales o atómicas es una mera triquiñuela intelectual”.
En vez de la cohesión desarticulada de la sustancia, hallamos una cohesión articulada de modelos inseparablemente interconectados. Esto mismo ocurre al estudiar la conducta humana. Resulta imposible separar las modalidades psicológicas de las sociológicas, biológicas o ecológicas. Las especializaciones del conocimiento humano han empezado a agruparse en híbridos como Neuropsiquiatría, Sociobiología, Biofísica, Geopolítica, etc. Pasado un cierto nivel, estas especializaciones avanzan lo suficiente para darse cuenta de que resulta imposible dividir este mundo nuestro en nítidos departamentos separados por tabiques. De ahí se deriva el anhelo de un lenguaje descriptivo común a todas las ciencias que pueda explicar el modelo estructural del mundo.
Aunque las antiguas culturas orientales no alcanzaron el conocimiento físico rigurosamente exacto del Occidente moderno, captaron el fundamento de una serie de cosas que recién ahora nosotros empezamos a comprender.
Resulta imposible clasificar al Hinduismo, Budismo o Taoísmo como religiones, filosofías, ciencias, mitología, o como mezclas de todas estas disciplinas, porque las divisiones en departamentos les son totalmente ajenas, aun en lo que se refiere a diferenciar materia y espíritu. Son en realidad una cultura total. En ella se procura conciliar la individualidad y las normas sociales. Trata de ayudar al individuo a ser él mismo y a lograrlo sin ofender innecesariamente a su comunidad: estar en el mundo (de las convenciones sociales) sin ser del mundo. El siguiente texto budista chino describe al sabio con palabras que nos recuerdan a la personalidad autorrealizada de Maslow:
“Anda siempre por sí mismo, en todo va por sus propios medios,
Cada uno de los perfectos vaga por el mismo y único pasadizo del Nirvana.
Su tono es elegante, transparente su espíritu, naturalmente elevado su aire.
Sus facciones son de marcada delgadez, firmes sus huesos.
No presta atención a los otros.”
Desde los tiempos de Freud, la psicoterapia ha venido preocupándose de que los síntomas y perturbaciones de los que quiere librarse el paciente no son meramente psicológicos. Están relacionados con sus conexiones con las personas, con las instituciones sociales y con las normas de comunicación empleadas por la cultura en la que ha sido educado. Existen condicionamientos de lenguaje, jurídicos, éticos, estéticos, religiosos, rol social, etc., que determinan el concepto que el individuo tiene de sí mismo, su nivel de consciencia y su percepción de la propia existencia.
Debido a ello, el psicoterapeuta ha ido comprendiendo que su empeño por ayudar al paciente abarca un ámbito mucho más extenso que su sola psiquis y sus problemas privados. De allí se deriva que las formas orientales de liberación le parezcan tan pertinentes a sus funciones profesionales. La gente que acude a ellos sufre de un malestar emanado de lo que el hinduismo y el budismo denominan maya, la que no es una mera ilusión sino una concepción del mundo sustentada por una cultura determinada. La liberación no persigue destruir a maya sino verla tal como es, o ver a través de ella. En otras palabras, las ideas que tengamos sobre el mundo y sobre nosotros y los demás, con sus convenciones sociales e institucionales, no deben confundirse con la realidad. Estas normas no son necesariamente idénticas a las normas que rigen el universo, así como el hombre no es necesariamente idéntico al rol que la sociedad le ha designado. En verdad, cuando el hombre cesa de considerarse según la definición de sí mismo que le han dado los otros, llega a ser al mismo tiempo universal y único. Universal, en razón de que su organismo es inseparable del Cosmos, y Único, en que no es un estereotipo, un rol, clase o identidad, impuesto por las conveniencias sociales.
Hay muchas razones por las que el confundir maya con la realidad produce malestar. Existe un conflicto directo entre lo que el organismo individual es y lo que los otros dicen que es y esperan que sea. Las normas sociales contienen a menudo contradicciones, las que conllevan dilemas insolubles ya sea para el pensamiento, el sentimiento o la acción. 0 puede suceder que la persona, confundiendo su verdadero ser con la imagen limitada y empequeñecida del rol o identidad que la sociedad le ha asignado, genere sentimientos de soledad, aislamiento y depresión. A la multitud de conflictos producidos entre los individuos y sus contextos sociales corresponden otras tantas formas de terapia. Algunos se evaden en la psicosis o la neurosis que los hace buscar tratamientos psiquiátricos; aunque la mayoría recurre a la descarga que ofrecen actividades como la violencia en los estadios deportivos, el fanatismo religioso, la excitación sexual crónica, el alcoholismo, las drogas, el terrorismo, las guerras, etc. Toda una larga lista de escapes bárbaros y violentos.
Actualmente se constata que la necesidad de recurrir a un psicoterapeuta excede a lo que clínicamente se denominaría psicosis o neurosis. En estos últimos años un número creciente de personas acude a un tratamiento de psicoterapia en ocasiones en las que antes se buscaba el consejo de un amigo o de un sacerdote. Aún no se ha descubierto una aplicación de psicoterapia en gran escala, a nivel de las masas. En países desarrollados hay más o menos un psicoterapeuta por cada ocho mil habitantes, los tratamientos son largos y los honorarios elevados. Esta demanda se explicaría en gran medida por el prestigio de la ciencia, ya que se busca al terapeuta más como científico que como sanador de almas. Unos cuantos psiquiatras de renombre admiten – por supuesto que en privado – que su profesión aún está muy lejos de ser una ciencia. Carece de una teoría generalmente aceptada, caracterizándose por la multiplicidad de teorías opuestas y de técnicas divergentes. Los conocimientos sobre neurología – considerando que ésta fuera la base para la psiquiatría – son todavía limitados. No es claramente evidente que la psicoterapia sea algo más que un paliativo y – exceptuando el caso de los síntomas psicóticos que pueden ser controlados por drogas – no existe una forma exacta de distinguir la sanación de la remisión espontánea.
A pesar de todo, esta profesión es, en conjunto, una fraternidad paciente y devota, abierta a nuevas ideas y experimentos. Se ha recogido una gran cantidad de información detallada de casos clínicos y aunque no se tengan bien claro las conclusiones que se derivarán de ello, existe la impresión de que la psicología y la psiquiatría debieran tener una relación más estrecha con la biología, la sociología y la antropología.
Ya hemos visto que la psicoterapia y las formas de liberación comparten dos aspiraciones:
1.- La transformación de la consciencia, del sentimiento interior de la propia existencia.
2.- La liberación del individuo de las formas que le imponen las instituciones sociales.
Para ello deberíamos recibir instrucción práctica en yoga o pasar una temporada en un monasterio zen en el Japón? Tendríamos – adicionalmente – que estudiar algunos años en escuelas de medicina, más una práctica en establecimientos psiquiátricos y en técnica psicoanálitica? No creo que tuviéramos que llegar a eso. Más bien, diría que todo conocimiento, aunque sea a nivel teórico, relacionado con otras culturas nos ayuda a entender la nuestra, proporcionándonos objetividad para evaluarla por comparación. Debido a que existen en otras culturas disciplinas que presentan elementos semejantes a las técnicas psicoterapéuticas, un conocimiento teórico de ellas mostraría al psicoterapeuta métodos y objetivos que le ofrecerían una perspectiva más amplia en su propio terreno.
El aspecto positivo de la liberación, tal como lo muestran las disciplinas orientales, reside justamente en la libertad en juego. El aspecto negativo sería el espíritu crítico con que analiza las normas de la estructura social en la parte en que ella – la sociedad – limita esa libertad y obstruye lo que llamaríamos desarrollo personal. El nirvana búdico se define como la liberación del samsara - la Rueda del Nacimiento y la Muerte – o sea, la vida vivida en círculos viciosos, como intentos de resolver un falso problema que se repite interminablemente.
Samsara sería comparable al problema de la cuadratura del círculo, de la trisección de un ángulo, o de la máquina del movimiento perpetuo. Se trata de una adivinanza que no tiene solución – como elkoan del budismo zen – y que nos obliga a volver a ella reiterativamente, hasta descubrir que el interrogante que se nos plantea es absurdo. Eso lo vemos en la persona neurótica, la que repite indefinidamente sus modelos errados de conducta, siempre fracasando porque el problema que intenta resolver es falso. Se atormenta buscando la salida a una autocontradicción. Si no es capaz de darse cuenta de que el problema carece de sentido, puede evadirse en la psicosis, en la parálisis de la voluntad, en una impotencia total de actuar. En algunos casos, la psicosis es una manera de escapar de una intolerable desesperación.
Para que se produzcan desarrollos positivos en la ciencia de la psicoterapia, es necesario liberarla de bloqueos inconscientes, de suposiciones apresuradas y de problemas carentes de sentido que se originan en el contexto social. Es sumamente útil la comparación de culturas como la china y la hindú, las que han evolucionado en un relativo aislamiento de la nuestra. Son culturas de elevada complejidad y resulta interesante poner atención a las modalidades aplicadas dentro de ellas para encontrar la liberación de sus propias normas estructurales. No se trata de adoptar las prácticas budistas, hinduistas o taoístas como si se tratara de convertirse a una religión. Para que el Occidente comprenda y aplique las técnicas psicológicas usadas en el Oriente, es de suma importancia que conserve su espíritu crítico y su lucidez científica, si no, caería en las brumas del romanticismo esotérico.
Ahora, en los finales del siglo veinte, el interés que existe por el pensamiento oriental es considerable. Dichas ideas ya están influyendo sobre nosotros por sus propios medios, aunque aún hay necesidad de mucha clarificación, interpretación y comprensión, Su estudio no puede ser considerado una novedad absoluta para los psicoterapeutas. Hará medio siglo que Jung escribió:
“Cuando empecé mi trabajo en la práctica de la psiquiatría y de la psicoterapia, era un completo ignorante en materia de filosofía china. Fue sólo después que mis experiencias clínicas me demostraron que en mi técnica había sido guiado inconscientemente por la senda secreta que, durante siglos, había constituido la preocupación de los mejores cerebros del Oriente.”
No se trata de aceptar a priori una equivalencia entre la psicología analítica de Jung y las formas de liberación orientales, pero lo importante es darse cuenta de que él intuyó la presencia de un paralelismo. Aunque el interés empezó con Jung y su escuela, se ha extendido notablemente, y resultaría casi imposible citar todas las publicaciones sobre ideas orientales aparecidas en libros y revistas durante estos últimos años.
Existe una difundida mala interpretación de que el cambio de la consciencia personal realizado por medio de las formas orientales de liberación equivale a una “despersonalización”, o regresión a estados primitivos o infantiles de la consciencia. Freud habló de una experiencia “oceánica” o de un “deseo de retorno al útero” en relación con las ideas relativas a la trascendencia del ego. Tales conceptos fueron adoptados persistentemente por sus seguidores. Es probable que esta actitud tenga que ver con el imperialismo de la Europa occidental del siglo diecinueve, época en la que se consideraba a chinos e hindúes como paganos subdesarrollados e incultos que estaban necesitando desesperadamente el progreso que les brindaría la colonización europea.
Nunca se terminaría de subrayar con énfasis que la liberación no significa en lo más mínimo una pérdida o destrucción del ego. No es que lo disminuya sino que lo sobrepasa. Sólo nos bastaría poner atención en las formas alegres y variadas y en los ojos alertas y abiertos de las pinturas chinas y japonesas de los grandes maestros Zen, para convencernos de que el ideal de persona realizada que aquí se nos presenta no tiene nada que ver con una no-entidad amorfa y colectiva de un ego desfalleciente que se disuelve en su regreso al útero.
En Occidente, suponemos que se enaltece y honra al individuo separándolo del mundo que lo rodea, y enfatizando la diferencia que lo aleja de su Creador. En cambio, Baruch Spinoza decía que mientras más conocemos de las cosas particulares, más sabemos acerca de Dios”. La más rica representación del hombre y del mundo circundante es la que más nos revela su relatividad y la interconexión de sus procesos dentro de un todo indiviso. Un psicoterapeuta estaría perfectamente de acuerdo con las formas de liberación como propósito de la psicoterapia, tal como ocurre en el proceso de individuación de Jung, y la autorrealización de Maslow. Hay que considerar que cada planta para llegar a su plena floración y producir fruto, debe tener sus raíces en el suelo. Así, al elevarse su tallo, toda la tierra asciende con él hacia el sol.
                                                                                                                                                Alan Watts


Extractado por Farid Ázael de
Watts, Alan.- 
Psicoterapia del Este, Psicoterapia del Oeste.- Kairós

Alan Wilson Watts (Chislehurst Kent, 6 de enero de 1915 – Mt.Tamalpais California, 16 de noviembre de 1973) Filosofo británico, editor, sacerdote anglicano, locutor, decano, escritor, conferenciante y experto en religión. Se le conoce sobre todo por su labor como intérprete y popularizador de las filosofías asiáticas para la audiencia occidental.
Escribió más de veinticinco libros y numerosos artículos sobre temas como la identidad personal, la verdadera naturaleza de la realidad, la elevación de la conciencia y la búsqueda de la felicidad, relacionando su experiencia con el conocimiento científico y con la enseñanza de las religiones y filosofías orientales y occidentales (budismo Zen, taoísmo, cristianismo, hinduismo, etc.)

Alan Watts fue un conocido autodidacta. Becado por la Universidad de Harvard y la Bollingen Foundation, obtuvo un máster en Teología por el Seminario teológico Sudbury-Western y un doctorado honoris causa por la Universidad de Vermont, en reconocimiento a su contribución al campo de las religiones comparadas.

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