martes, 23 de septiembre de 2014

CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

La búsqueda científica y la búsqueda espiritual son las dos grandes investigaciones de la humanidad. Sin embargo de algún modo se desarrolló un sentimiento de que la ciencia es antagónica a la espiritualidad. Debemos examinar si esto es cierto o si tan solo les damos a la ciencia y a la espiritualidad significados muy estrechos.
La ciencia procura el orden en el mundo externo del espacio tiempo, energía y materia. La búsqueda espiritual procura orden en nuestra consciencia. Una vez que la totalidad de la realidad es constituida tanto de materia como de consciencia, ¿por qué la comprensión del orden en el mundo externo debería ser antagónica a la comprensión del orden interno?
Si atendemos hacia sus orígenes, descubrimos que ambas búsquedas se originan en la curiosidad humana. Nosotros, seres humanos, investigamos aquello que nos rodea, o que acontece dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Queremos observar y descubrir. Si preguntamos el por qué, veremos que no hay respuesta.  El propósito es un subproducto no un objetivo de investigación.

La tecnología, por ejemplo, es un subproducto de la ciencia, más no su razón de existir. La búsqueda científica estaba presente mucho antes que la tecnología. Nos estábamos preguntando por qué el Sol se levanta y se pone, por qué los árboles crecen, por qué hay tantas especies de vida en la Tierra, por qué ocurren los eclipses de Sol y de Luna.
De la misma manera, tenemos una serie de cuestiones interiores. ¿Quién soy yo? ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Por qué hay tanto conflicto dentro de mí? ¿Es posible alcanzar un tipo de orden, en el interior de mi consciencia? ¿Qué es la muerte? Todas estas son cuestiones en el campo de la espiritualidad. Las diferentes religiones se organizaron en torno a esa búsqueda
Algunos grandes investigadores alcanzaron una cierta verdad en su consciencia, un cierto orden. A ese orden le podemos llamar amor, compasión, armonía. Intentaron comunicar lo que vieron y se tornaron en líderes religiosos en torno de los cuales se estructuraron las religiones. Las religiones se desenvolvieron como un subproducto de la búsqueda espiritual, de la misma manera que la tecnología se desarrolló como un subproducto de la búsqueda científica.
La búsqueda científica avanzó mucho, más, cuando se trata del entendimiento de nosotros mismos, de llegar a algún tipo de orden en nuestra consciencia, en la humanidad, como un todo, ha habido un fallo monumental. Con excepción de un puñado de personas como Cristo o Buda, que podían alcanzar ese conocimiento por sí mismos, el resto de la humanidad no lo alcanzó. Eso creó un desarrollo asimétrico en la sociedad, lo que, a su vez, está creando una enorme crisis en el mundo actual.

Estudiantes de la Naturaleza
Una de las razones por las que la búsqueda científica haya progresado tanto, es porque hay un orden tremendo en la naturaleza. La naturaleza sigue un plan, trabaja de acuerdo con ciertas leyes investigadas por la ciencia. El científico no sabe por qué debe de haber leyes y por qué deben ser universales, más descubre que es así. Nosotros tampoco sabemos por qué la naturaleza sigue una forma peculiar de lógica desarrollada por el hombre, llamada matemática. El universo sigue un orden que hemos sido capaces de determinar, primero haciendo uso de algunas suposiciones fundamentales, después utilizando la matemática y la lógica y derivando resultados.
Descubrimos que los resultados así obtenidos están de acuerdo con lo que acontece en la naturaleza, lo que significa que, de algún modo, esa lógica opera en la naturaleza. Podemos decir tan solo que tal es la naturaleza del orden que se manifiesta en el universo. Somos estudiantes de la naturaleza, que nos dio una consciencia que puede observar y pensar. A través de esa consciencia podemos descubrir algunas relaciones de causa y efecto, más no podemos responder por qué la naturaleza es de la manera que es.
Otra razón para que la búsqueda científica se haya desarrollado tanto, es el hecho de que el observador está, en gran parte, separado de aquello que es observado. Cuando mis sentidos están viendo algo o haciendo un experimento sobre un objeto observado, es relativamente fácil ser objetivo sobre lo que estoy viendo. Más eso no acontece en el mundo cuántico de las partículas elementales. Un ejemplo es el electrón, para el cual el propio acto de la observación, parece afectar al estado de la partícula.
En la ciencia, los errores humanos son detectados rápidamente porque las conclusiones son testadas por otras personas. De esa manera la ciencia intenta eliminar la subjetividad del observador. Cuando llegamos a la búsqueda religiosa, estamos mirando hacia nosotros mismos; el observador es lo observado. Por tanto, se torna mucho más difícil ser objetivo. Si intentamos, por ejemplo, observar cómo nos adormecemos, nuestra percepción disminuye, porque en el sueño no somos perceptivos. La mente no puede observarse a sí misma adormeciendo. Aparte de esto, el orden aún no está presente en la consciencia; éste tiene que ser descubierto, al colocarnos hacia el desorden.

Cuando el conocimiento no ayuda
En la búsqueda científica nuestra comprensión es acumulativa. Lo que Newton hizo en toda una vida nosotros lo podemos aprender en dos o tres años de facultad, y trabajar sobre ese conocimiento para descubrir aún más. El conocimiento de las personas que vivieron antes que nosotros ayuda a proseguir más rápidamente e ir más allá de aquello que fue descubierto.
En la búsqueda espiritual, el conocimiento no es un elemento de auxilio. En la realidad, se puede tornar en un estorbo, si la persona se apega al mismo. Yo puedo leer aquello que Buda descubrió y relató, y alcanzar todo el conocimiento del Budismo, incluyendo todo lo que fue dicho sobre Buda. Todo ese conocimiento haría de mí un profesor de filosofía budista, ¡más un profesor de filosofía budista no es el Buda! No se puede descubrir el orden que había en la consciencia de Buda simplemente a través del conocimiento. El estudiante del Budismo tiene que observar y redescubrir lo que Buda descubrió, para tener acceso a ese orden en su propia consciencia.
No se puede simplemente aprender ese orden, como si fuese un conocimiento cualquiera. Es necesario algo más allá del conocimiento, un insight (flash o visión) de verdad. Sin esa visión, que es una percepción directa de la verdad, no hay alteración de la consciencia. Los insights también son esenciales en el campo de la ciencia, más solamente para la primera persona que descubre algo nuevo.
Si Einstein no hubiese tenido un profundo insight sobre espacio, tiempo, materia y energía, su mente no podría haber entrado en contacto con una percepción totalmente diferente de la física clásica. Su mente tenía todo el conocimiento de la física clásica, mas debe haber tenido también una cierta cantidad de libertad en relación a lo que era conocido, para ser capaz de tener un vislumbre sobre la verdad que hasta entonces estuviera totalmente fuera del campo del conocimiento del hombre.
En el aprendizaje de la ciencia no es necesario un insight. En la busqueda espiritual si no lo hubiere, solo habría cenizas.
Todos los grandes descubrimientos científicos resultan de esos insights. Después, el científico coloca el descubrimiento bajo la forma de una ecuación, hace deducciones y verificaciones lógicas; el hecho es enseñado no a través de insights, sino de la lógica. La ciencia no es mostrada a los estudiantes del modo como de hecho aconteció, sino a través de caminos lógicos, racionales.
El conocimiento y la lógica tienen una consecuencia; el aprendizaje de esa secuencia es suficiente, desde y cuando funcione. No es necesario tener un insight. En la búsqueda espiritual ocurre lo co0ntrario: si no hay un insight, sólo habrá cenizas.

El problema de los seguidores
Del mismo modo que hubo grandes científicos, como Einstein, Newton, Galileo, Darwin etc., también hubo grandes instructores espirituales. Las personas respetan a esos instructores porque ellos alcanzaron un cierto estado de conciencia, de amor y compasión, una consciencia universal que no estaba separada del resto del mundo.
Mas sus seguidores dijeron: “Este hombre es nuestro gurú, nuestro instructor, nuestro salvador, nuestro líder, por tanto vamos a adorarlo”. Propagaron sus palabras, desarrollaron un sistema, una organización, una iglesia. Los seguidores no alcanzaron la verdad; quedaron satisfechos en propagar la palabra.
Supongamos que los científicos hubiesen hecho lo mismo; hubiesen construido un templo para Newton afirmando: “Nosotros somos newtonianos, Newton es nuestro líder, solamente lo que Newton dice es verdadero, y nosotros vamos a difundir sus palabras”.
Si eso hubiese ocurrido, ¿habríamos llamado a esas personas científicos? Probablemente habríamos dicho: “Ustedes tienen que estudiar y descubrir el orden de la naturaleza, para alcanzar la comprensión y el conocimiento de la ciencia; solamente entonces serán científicos”.
Sin embargo, en el campo de la espiritualidad hemos sido muy crédulos. Si un hombre usa cierto tipo de ropa, ejecuta un cierto ritual y así sucesivamente, lo aceptamos como un hombre santo. Perdemos de vista el hecho de que en este campo, también hay una búsqueda, una investigación. A no ser que un ser humano alcance orden en su consciencia, no es un religioso. Eso no tiene nada que ver con rituales, con la ropa, con las palabras que decimos o los libros que leemos. No tiene que ver con alguna habilidad o conocimiento adquirido.
La búsqueda religiosa no progresó mucho porque la interpretamos en términos de creencia y práctica de rituales, como si éstos nos fuesen a traer la paz, a aportarnos algo divino. Eso es una ilusión. La adoración puede darnos una cierta paz mental de carácter temporal, pero la mente será perturbada después por la misma razón por la que fue perturbada antes, porque las mismas causas aún existen. Si los problemas no se disuelven en origen, la causa aún estará ahí, y es probable que el efecto también.
Obstáculos en la búsqueda
La creencia es un factor que retrasó seriamente la búsqueda religiosa. ¿Qué significa creencia para un hombre que busca la verdad? Tenemos que considerarla del mismo modo que un científico considera una teoría. La teoría no es la verdad, el modelo no es la realidad. Tenemos que experimentar para descubrir lo que es verdadero.
Pero cuando lo que tenemos es creencia, estamos meramente aceptando algo sin evidencia, lo cual tiene muy poco valor. El acto de rechazar inmediatamente una idea tampoco tiene valor. La aceptación es tan falsa como el rechazo. Es solamente cuando oímos y consideramos, cuando vivimos la cuestión y la exploramos a través de nuestras observaciones, que podemos llegar a alguna verdad.
Otro factor que contribuye a institucionalizar las religiones son los códigos morales – lo que es cierto, lo que es errado, lo qué hacer y lo qué no hacer. Debemos cuestionar si una persona puede alcanzar una virtud tan sólo por medio de la práctica de acciones virtuosas premeditadas. Una acción particular, en cuanto es muy repetida, se torna en un hábito. La persona puede así sentirse virtuosa sin haber alcanzado la virtud.
Esa es una seria dificultad en la búsqueda espiritual. Si yo soy agresivo, violento, colérico, puedo practicar la no violencia. Puedo proyectar la idea de que la no violencia significa no pelear con otra persona; así yo me refreno. Permanezco enfadado, siento deseos de pelear con los demás, pero no peleo, y creo que estoy practicando la no violencia. Sin embargo, en mi conciencia aún hay odio, aún hay agresión. Yo tan sólo evité su manifestación.
Sólo hay no violencia cuando la violencia termina en la consciencia. En tanto que yo sea íntimamente violento y piense que practico la no violencia, estoy practicando solamente control. Éste es necesario, pero no altera la consciencia dentro de nosotros. El autocontrol jamás traerá la comprensión y el fin de la violencia en nuestras consciencias.

La verdadera virtud
La virtud es un estado de la mente. Solo hay virtud cuando termina el desorden. La violencia, el miedo, los celos, la posesividad, todos son una parte del desorden en nuestra conciencia. No se puede imponer el orden al desorden a través de la disciplina. Esa actitud aún es parte del desorden; es tan sólo control.
La necesidad de imponer orden surge tan sólo cuando hay desorden en la conciencia. Sin embargo el orden impuesto es realmente desorden. La supresión es violencia consigo mismo. Así, la violencia aún está ahí, y nada cambia internamente. Está claro que la acción externa cuenta, y que es necesario un cierto grado de autocontrol, pero el hecho es que no cambia nada internamente. Aún estamos en conflicto cuando sólo estamos controlando.
Si nos estamos reprimiendo, luchando contra nosotros mismos, lo que es controlado y superado en un día, tendrá que ser controlado todos los días, y eso significa que la vida será un campo de batalla. No es vida espiritual estar constantemente en guerra consigo mismo. Todo desorden tiene una causa. En tanto que la causa exista, el desorden existirá. Por tanto la búsqueda religiosa es una investigación de las causas del desorden en nuestra mente.
De la misma manera que un científico limpia sus instrumentos y lentes para asegurar que no distorsionarán su observación de los hechos, el religioso tiene que eliminar el desorden en su mente puesto que ésta es su instrumento de observación. El desorden es causado por ilusiones, y las ilusiones sólo terminan con la percepción directa de la verdad. La búsqueda espiritual es, por eso, una búsqueda de autoconocimiento, y la virtud es un subproducto de esa búsqueda.

Un abordaje universal
El mejor abordaje de la espiritualidad no depende de denominaciones, y, por tanto, es universal, como la ciencia. Así como no existe una ciencia india o americana, existe únicamente una mente religiosa: la que alcanzó el amor, la compasión, la paz, la armonía. No existe una mente hindú, cristiana ni budista.
La mente verdaderamente religiosa está en la búsqueda de la verdad, que encara como desconocida. La ciencia también encara la verdad como lo desconocido, y continuamente purifica sus modelos en la tentativa de aproximarse a ella. Es nuestra ilusión la que nos divide en diferentes comunidades religiosas. Las diferentes religiones institucionalizadas son subproductos históricos de la búsqueda espiritual del hombre y es necesario distinguirlas de la búsqueda en sí.
De la misma forma, precisamos distinguir la ciencia de su subproducto, que es la tecnología. La ciencia es la búsqueda de la verdad, en cuanto la tecnología resulta del deseo humano de poder y de confort. El uso indiscriminado de ese poder creó los problemas ecológicos que el mundo actualmente afronta. Son el resultado del lucro y del egoísmo del ser humano; no se deben a la búsqueda científica en sí. La humanidad precisa continuar con las investigaciones científicas y espirituales, sin envolverse demasiado con sus subproductos.
Investigaciones complementarias
La búsqueda espiritual y la científica son investigaciones complementarias rumbo a la realidad. Cualquier sentimiento antagónico es producto de una visión mezquina. La ciencia lidia con lo mensurable; la religión con lo inmensurable. Un científico no es inteligente si niega la existencia de lo inmensurable. Nada hay que sea anti ciencia, más hay mucho que está más allá de la ciencia. Las dos búsquedas tienen que andar con las manos unidas.
Precisamos entender las leyes que gobiernan los fenómenos del mundo, como también precisamos descubrir orden y armonía en nuestra conciencia. La comprensión humana está incompleta si no abarca ambos aspectos de la realidad: materia y conciencia.

En verdad, la división es una creación de la mente. La realidad es indivisible, es tanto materia como conciencia. Son los pensamientos los que separan el mundo externo del interno, casi de la misma forma como la mente separa tiempo y espacio, aunque sean ambos, dos aspectos de un mismo continuum.
Tanto el científico como el religioso precisan estar muy atentos a las limitaciones de la mente para trascenderlas, si aspiran a una percepción holística de la realidad. La educación precisa estimular a una mente inquisidora, que sea tan científica como religiosa, para afrontar la crisis de la civilización moderna. Descartar toda investigación espiritual y todas las creencias religiosas en nombre de la secularización es como tirar el bebé junto con el agua del baño.

Fuente: Padmanabhan Krishna

Revista Sophia, Brasil
NVA

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